Se compadecía de ellos, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor

(Mt 9, 36—10,8)
XI Domingo Ordinario
+ Faustino Armendáris Jiménez
Arzobispo de Durango
El Evangelio que hoy hemos escuchado forma parte del segundo discurso que Jesús dirige a sus discípulos. Durante tres domingos meditaremos partes de esta enseñanza. Hoy san Mateo empieza esta sección mostrando un gesto de Jesús:
Al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor.
Cuando Jesús completa la situación vulnerable de la comunidad, sienten compasión; esto lo lleva a presentar un proyecto que ayude a cambiar la realidad de las personas, ¿Cuál? La Misión.
Para entender la propuesta de Jesús, es necesario notar los sutiles cambios en la metáfora, primero se habla de un ‘rebaño sin pastor’ pero rápidamente se abandona esa comparación para hablar de una tierra de cultivo y de trabajadores: la mies es mucha y los trabajadores pocos.
Comparar al pueblo con un rebaño sin pastor es frecuente en la Sagradas Escritura, basta mencionar un pasaje del profeta Ezequiel donde Dios promete: “Yo mismo apacentaré a mis ovejas” (Ez 34,15). Pensar de esta manera es bueno, pues ayuda a reafirmar la confianza en un Dios providente y fiel que nunca abandona a su pueblo, y así es, así es nuestro Dios. sin embargo, existen un riesgo en esta imagen de rebaño-pastor. Si Dios es providente y nos ama, es verdad que Dios apacentará a su pueblo, pero ¿Cuál es mi papel en medio de la dificultad? Rezar, y rezar, y simplemente rezar para que Dios en su gran misericordia se acuerde el pobre, del enfermo, de quién ha perdido su empleo, que Dios ayude al hermano que lo necesita. Sin duda que esta no es nuestra única terea.
Pensar así y peor aún, vivir así, es incorrecto, no es cristiano, pues si bien siempre debemos orar, pero tampoco es lo único que debemos hacer, y de allí el cambio de comparación de rebaño-pastor a una tierra de cultivo donde Dios es el dueño, pero necesitas trabajadores para que la hagan producir.
Ante la dificultad, dice el texto que las personas estaban extenuadas y desamparadas, Jesús no repite el milagro de la multiplicación del pan, ni ningún otro milagro prodigioso, sino que: Llama a doce discípulos, les da poder y los envía.
Este es el proyecto que Jesús vienen a anunciar, la metáfora de pastor-rebaño abre su horizonte, para integrar a otro protagonista. Con la comparación de la viña queda claro que Dios es el dueño de la tierra, es el primer responsable y nunca dejara que la mies se pierda, pero su estrategia es hacernos coparticipes de su acción. No es Dios el único que actúa, sino que por su Voluntad, también nosotros somos responsables del viñedo.
En medio de esta situación difícil, hoy la Palabra de Dios nos invita a no solo elevar ruegos, esperando que por una acción milagrera todo se arregle. La propuesta de Dios es muy clara, SI, hacer oración para que el Señor haga resurgir el compromiso social de sus hijos, si orar para que la esencia misionera de la Iglesia se despierte y salgamos a anunciar, pero sobre todo se nos involucra en la Construcción de la Paz, la Reconciliación y la Justicia. Todos estos elementos indispensables del Reino de Dios.
¿Qué estamos haciendo para que nuestras comunidades vivan en Paz?