Chihuahua, injerencismo y soberanía


La soberanía nacional es demasiado valiosa como andarla trayendo de fuego artificial en las peroratas políticas
LIC. ERNESTINA GODOY,
FISCAL GENERAL DE LA REPÚBLICA:
Sorprendentes las acusaciones que la FGR entabló contra el exfiscal de Chihuahua, César Jáuregui. Permítame hacer un poco de memoria para los lectores que nos acompañan.
El pasado 19 de abril se llevó a cabo un operativo de decomiso de un narco laboratorio de gran tamaño en medio de la Sierra de Chihuahua, el cual se concretó con éxito; a la cabeza de la acción iba Pedro Oseguera, director de la Agencia Estatal de Investigación (AEI). Al regreso y debido a las malas condiciones del camino y la densa oscuridad, el vehículo de Oseguera cayó a un barranco y terminó incendiado porque traía bidones de gasolina.
El asunto se complicó bastante porque en dicho vehículo iban dos agentes extranjeros, que ahora sabemos pertenecían a la CIA. Jáuregui quiso maquillar la participación de los extranjeros afirmando que eran instructores en manejo de drones de la Embajada de EUA y que no habían participado en el operativo, sino que por coincidencia se encontraron con el convoy de la AEI, cuando venían de regreso de El Pinar y, como quien dice, Oseguera les dio un aventón para llegar a Chihuahua.
Como es lógico, al haber perdido la vida dos extranjeros, la Fiscalía a su cargo empezó a hacer sus indagatorias. Pronto salió a la luz que la primera versión de Jáuregui tenía demasiados huecos. En una segunda versión, Jáuregui siguió negando que los agentes estadounidenses hubiesen estado en El Pinar y reiteró su carácter de instructores. Esta versión cayó por su propio peso y el 27 de abril presentó su renuncia.
Lo que sabemos a la fecha es que el director de Operaciones Especiales de la AEI, Guillermo Arturo Zuany era quien mantenía tratos constantes con los agentes extranjeros y, en su momento, los hizo partícipes del operativo. Es de suponer que Jáuregui estaba al tanto de los tratos que Zuany había estado llevando a cabo. De acuerdo con las leyes mexicanas, no estaba en sus facultades correr este tipo de “cortesías” sin haberlo informado oficialmente al Gabinete de Seguridad y haber obtenido el beneplácito.
El sábado pasado, César Jáuregui fue arrestado y enviado al penal del Altiplano; Guillermo Arturo Zuany se encuentra prófugo.
Todo este sainete puso en una muy mala posición a la gobernadora Maru Campos; si sabía de las atribuciones que Jáuregui y Zuany se tomaban, pues muy mal; y si lo ignoraba, pues peor. Como sea, para salvar cara, afirmó que el fiscal había actuado por la libre, señalando el incumplimiento de protocolos y de las normas.
Queda muy claro que a ambos exfuncionarios se les pueden imputar los delitos de ejercicio ilegal del servicio público, falsedad en declaraciones y ocultamiento de información. Pero ¿de traición a la Patria?
Este último delito se tipifica en realizar actos en contra de la independencia, la soberanía o la integridad de México en favor de un gobierno extranjero; tomar parte en actos de hostilidad o acciones bélicas ordenadas por un Estado extranjero; formar parte de grupos armados dirigidos por extranjeros para atentar contra la República y facilitar una invasión extranjera; entregar información estratégica o aceptar cargos de un invasor para debilitar al gobierno nacional.
No soy abogado, pero no veo que ninguna de las acciones de Jáuregui y Zuany estuvieran encaminadas a tan aviesos propósitos. No, de lo que se trataba era de dar un golpe al crimen organizado. Mal, muy mal, que se hayan brincado las trancas, pero en ningún momento se trató de exponer la integridad del país.
A lo largo de todo este sainete, por momentos se pensó que rodaría la cabeza de Maru Campos, gobernadora de Chihuahua, pero su defensa, aunque endeble le valió. No era posible hacerle juicio político por un caso en el que se estaba dando un golpe al narco, mientras Rubén Rocha goza de cabal salud y libertad. Hace dos días, la presidenta Sheinbaum ya le dio la absolución al afirmar que no hay pruebas de que Campos haya ordenado directamente el operativo.
Pero permítame, doña Ernestina, regresar al tema de la traición a la Patria. Hay cartas que se tienen que jugar con mucho cuidado y ésta es una de ellas. La última vez que se acusó a alguien de este delito fue en 1867, cuando Miguel Miramón y Tomás Mejía fueron fusilados en el Cerro de las Campanas con Maximiliano de Habsburgo.
¿Qué es lo que la 4T quiere demostrar con esta imputación? ¿Asustar a todos los funcionarios que tienen relación con agentes extranjeros? ¿Encender el nacionalismo? ¿Dar fuerza a su discurso sobre injerencismo ahora que se acercan las elecciones?
La soberanía nacional es demasiado valiosa como andarla trayendo de fuego artificial en las peroratas políticas.
+ Con la colaboración de Upa Ruiz
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