¿Y si sí?


¿Y si sí nos decidimos a construir el país que podemos y merecemos? ¿Y si sí generamos las condiciones para un país más justo e igualitario? Se vale soñar
DRA. CLAUDIA SHEINBAUM,
PRESIDENTA DE LA REPÚBLICA:
Esperanza: ánimo que surge
cuando lo que se desea
parece alcanzable.
Diccionario de la Real Academia
No sé quién generó la frase, ni cuándo lo hizo. Lo que es un hecho es que se volvió viral en unos cuantos días a partir de la esperanza generada por el desempeño de la Selección Nacional en el Mundial de Futbol y confirmada con el resultado del partido del martes. De pronto la pregunta ¿Y si sí? cundió por las redes sociales, con memes lo mismo de apoyo a la escuadra mexicana que de bromas; los medios la retomaron y de manera impactante todos los asistentes al Estadio Azteca la corearon.
¿Y si sí?, como decía, nos plantea una esperanza: que la Selección salga a dar todo lo que tiene y su esfuerzo sea retribuido con un merecido triunfo. Me pregunto si ese mismo cuestionamiento nos lo podemos hacer los mexicanos en aras de construir la nación que todos queremos.
¿Y si sí acabamos con la corrupción? Imagínese doña Claudia, si ahora México es la economía 12 del mundo, ¿dónde estaríamos si no se gastaran los dineros del erario y de la gente en mochadas y mordidas? Nada tendría usted que preocuparse por los 600 mil millones de pérdidas de PEMEX ocasionadas por el huachicol, el tradicional y el fiscal. En una de esas, hasta rentable se volvería la empresa.
Los que saben de economía afirman que la corrupción representa cinco puntos del PIB que, traducidos a pesos, son un 1.77 billones (con B, señora presidenta). Me es imposible determinar cuántos hospitales con quirófanos, cuántas escuelas con agua, electricidad e internet, cuántos caminos pavimentados, cuántos apoyos al campo y cuántas cosas más podrían realizarse en beneficio de la sociedad, empezando por los grupos más vulnerables.
¿Y si sí respetáramos las leyes? Imagínese, señora presidenta, que los ciudadanos temieran cometer delitos porque la impunidad no está al alcance, como ahora que es en el 95% de los casos. Y esto funcionaría también para las instancias policíacas y de procuración e impartición de justicia; nada de que es muy redituable ser ladrón, sicario o traficante porque las policías, los ministerios públicos y los jueces honesta y legalmente irían tras ellos.
No tendría usted que andar preocupándose por la gran cantidad de muertos que a diario ocurren en el país, ni por 5.3 millones de asaltos y robos al año, según datos del INEGI. Tampoco estarían dadas las condiciones para que una facción sindical como la CNTE venga a extorsionar a las autoridades y abandonar a su suerte a un millón de niños, casualmente de las zonas más pobres.
Bueno, doña Claudia, hasta lo ordenaditos que seríamos los mexicanos, lo mismo para cruzar por la línea peatonal que al no comprar -ni vender- productos pirata o robados.
¿Y si sí los legisladores hicieran leyes que crearan y fortalecieran las instituciones? Imagínese, señora presidenta, nada de andar aprobando reformas judiciales, mejor analizar las fallas del Poder Judicial y emitir normas que las corrigieran. Nada de andar vulnerando la certidumbre jurídica, ni la protecciones como el amparo.
¿Y si sí la clase política se acostumbrara a la transparencia y la rendición de cuentas? Imagínese, doctora Sheinbaum, que nuestros políticos aceptaran que como parte de sus cargos está la obligación de ponerse bajo el escrutinio público; la confianza que nos provocarían porque ya no nos enteraríamos de que Estados Unidos los anda investigando por mantener abultadas cuentas bancarias derivadas de relaciones peligrosas. Tampoco veríamos que los políticos hacen leyes para luego violentarlas, como las electorales y las de adquisiciones.
¿Y si sí el gobierno gastara en lo que realmente le hace falta al país con una visión de largo plazo? Imagínese, doña Claudia, no se cancelarían grandes obras por razones ideológicas o por simple soberbia, para luego ir a gastar en proyectos faraónicos que no son rentables. Más todavía, no tendría usted que otorgar subsidios enormes a los megaproyectos.
¿Y si sí en las escuelas se dieran clases serias de civismo y de ética? Imagínese, señora presidenta, que de los planteles egresaran nuestros niños y jóvenes con un marco de valores sociales que a la postre les convirtieran en ciudadanos respetuosos, que sí contribuirían a la recomposición del tejido social.
El espacio se me acaba para preguntar más ¿Y si sí?, así que me quedo con dos últimos cuestionamientos:
¿Y si sí nos decidimos a construir el país que podemos y merecemos? ¿Y si sí generamos las condiciones para un país más justo e igualitario? Se vale soñar.
+ Con la colaboración de Upa Ruiz
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