¿Violencia a la baja?

Violencia a la baja 3

En concreto, en cuanto a seguridad no estamos mejor; solo estamos menos peor que en los primeros años cuatroteístas y muy lejos del “maldito” período neoliberal. Ya no hay excusas; llevan siete años en el poder

LIC. OMAR GARCÍA HARFUCH,

SECRETARIO DE SEGURIDAD Y

PROTECCIÓN CIUDADANA:

 Inconsistencia: fragilidad,

endeblez, inestabilidad.

Diccionario de la Real Academia

Las principales métricas de la violencia letal están disminuyendo; en conjunto muestran una baja de 22% comparando el primer trimestre de 2026 con el de 2025. En lo particular, el homicidio doloso arroja un -33%, mientras que las desapariciones muestran un -23% y otros delitos contra la vida indican -24%. Hasta ahí, todo bien; sin embargo, tales reducciones hay que asumirlas con reservas, pues todavía sufrimos niveles muy altos de violencia.

De acuerdo con datos oficiales, en el primer trimestre de 2015 ocurrieron cuatro mil 121 asesinatos; los siguientes años hubo una tendencia a la alza, alcanzando su punto más elevado en 2020 con ocho mil 816 casos. A partir de ahí se da un quiebre a la baja hasta llegar en el presente año a cuatro mil 574. Es decir, si bien han declinado los homicidios dolosos, todavía estamos 11% arriba de 2015.

El caso de las desapariciones es todavía más lastimoso. En el primer trimestre de 2015 se registraron mil 121 casos; todos los años siguientes presentaron una tendencia a la alza, llegando en 2025 a su punto más alto con cuatro mil 17 casos. La disminución es muy reciente, pues apenas se presenta en el primer trimestre de este año con tres mil 47 registros. Así las cosas, en 2026 sí hubo una disminución, pero estamos 172% arriba de 2015.

Con eso de que el gobierno solo se atiene a los números, no conocemos cuáles de las acciones gubernamentales está teniendo mayor impacto. México Evalúa plantea tres posibles explicaciones, sin precisar cuál es el peso que está teniendo cada una de ellas o cómo se combinan para generar un círculo virtuoso; el think tank se refiere a la mayor “coordinación entre policías y fiscalías, implementación de políticas de prevención social basadas en la evidencia, y fortalecimiento de las policía estatales y municipales”.

Una hipótesis es que hay una mayor eficacia gubernamental en la implementación de sus políticas públicas, como sería el caso de lo que ocurre en Guanajuato, Baja California, Edomex, Nuevo León, Quintana Roo y Zacatecas, donde se está dando una mayor coordinación entre las autoridades federales y las estatales, lo cual ha redundado en operativos que han debilitado a las organizaciones criminales. Esto se refiere decomisos y detenciones de liderazgos criminales con responsabilidades operativas. A diario la SSPC nos da la noticia de que arrestó a cinco o a seis generadores de violencia, cuando no a una célula completa.

Otra razón que apoyaría la hipótesis serían los movimientos por la paz que han venido desarrollando las autoridades, tales como recuperación de espacios públicos, mesas de paz y programas sociales. Todo lo anterior da indicios de que se está enfrentando la violencia con una perspectiva multidimensional.

Sería muy importante, don Omar, que el Gabinete de Seguridad midiera el impacto de cada una de las medidas. Es decir, “la explicación oficial enumera muchas intervenciones, pero no demuestra una relación clara entre política pública, territorio, temporalidad y resultado”. Porque resulta que las mismas políticas públicas no dan el mismo resultado en otras entidades donde el homicidio doloso, por poner un ejemplo, no sólo no disminuye, sino que se incrementa. Es probable que ello se deba a que las políticas públicas funcionan en determinadas condiciones, dependiendo de la dinámica criminal, las capacidades locales, el grado de coordinación institucional y el tipo de intervención.

La otra hipótesis elaborada por México Evalúa apunta a la existencia de regímenes criminales; es decir, que el descenso de asesinatos obedezca a que una banda tiene el control sobre un determinado territorio. Por ejemplo, aun cuando el homicidio doloso decrezca, otros delitos graves prevalecen, como sería el caso de los feminicidios, desapariciones, decomisos de armas y drogas. En Guanajuato, Zacatecas, Sonora, Tabasco y Michoacán, por ejemplo, podría estar ocurriendo que la violencia solo está cambiando de expresión.

Una tercera hipótesis, no necesariamente excluyente de las dos anteriores, sería que hay inconsistencia en los datos. Pese a los exhortos de la Federación, todavía no se puede asegurar que las fiscalías estatales están clasificando los delitos bajo el mismo criterio técnico en vez de lógicas discrecionales.

Justo es reconocer que el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública ha convocado a organizaciones de la sociedad civil a que compartan con la autoridad sus diagnósticos sobre la calidad de los registros de incidencia delictiva. Al respecto, el crimen que más inconsistencias presentó es el de delitos contra la vida y la integridad corporal, donde se consignan las tentativas de feminicidio y de homicidio doloso. De las desapariciones ya ni hablamos, porque no se actualizan sistemáticamente.

En concreto, en cuanto a seguridad no estamos mejor; solo estamos menos peor que en los primeros años cuatroteístas y muy lejos del “maldito” período neoliberal. Ya no hay excusas; llevan siete años en el poder.

 + Con la colaboración de Upa Ruiz

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