El Reino de los cielos se parece a …

0
FAUSTINO-ARMENDARIZ-JIMENEZ-1

Mt 13, 44-52

XVII Domingo Ordinario

+ Faustino Armendáriz Jiménez

Arzobispo de Durango.

Este domingo terminamos de meditar el discurso de las siete parábolas sobre el Reino de los Cielos. Las dos primeras parábolas de este domingo (el tesoro y la perla). Eran una explicación a la pregunta de si ¿valdría la pena vivir como Jesús proponía? Una pregunta que puede seguir presente en nosotros, ¿Todo esto vale la pena?  Las dos parábolas, de este domingo, muy breves, y aparentemente idénticas tratan de responder:

En la primera parábola, el protagonista de es un hombre con suerte. Mientras camina por el campo, encuentra un tesoro, el cual esconde y después, repuesto de la sorpresa, se llena de alegría y decide apropiarse del tesoro, pero legalmente. La única solución es comprar el campo. Es grande y caro, pero No importa. Vende todo lo que tiene y lo compra. 

En la segunda parábola, el protagonista de la segunda parábola es muy distinto. No pierde el tiempo paseando por el campo. Es un comerciante meticuloso, que va en busca de perlas de gran valor. La traducción litúrgica en vez de decir “El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas”, debería decir “a un comerciante en busca de perlas finas”. No la encuentra por casualidad, va tras ella con ahínco. Como buen comerciante, calculador y frío, no salta de alegría cuando la encuentra, igual que el protagonista de la primera parábola. Pero hace lo mismo: vende todo lo que tiene para comprarla.

Si estás parábolas dirigieron a una comunidad que sufre una crisis profunda y se pregunta si ser cristiano tiene valor, hoy también deberíamos preguntarnos si la fe, la Iglesia y nuestras prácticas religiosas valen o bien ¿solo nos han vendido fayuca o me han engañado en mi elección? Los ejemplos expuestos pretenden revivir la experiencia primitiva, cuando cada cual decidió seguir a Jesús. Unos entraron en contacto con la comunidad de forma puramente casual, y descubrieron en ella un tesoro por el que merecía la pena renunciar a todo. Otros descubrieron la comunidad no casualmente, sino tras años de inquietud religiosa y búsqueda intensa, como ocurrió a numerosos paganos en contacto previo con el judaísmo; también éstos debieron renunciar y vender para adquirir. Las parábolas, aparte de infundir ánimo, nos incitan a un examen de conciencia: ¿Sigue siendo para mí la fe en Jesús y la comunidad cristiana un tesoro inapreciable o se ha convertido en un objeto inútil y polvoriento que conservo sólo por rutina? 

Al mismo tiempo, nos enseñan algo muy importante: es el cristiano, con su actitud, es quien revela a los demás el valor supremo del Reino de Dios y de la fe. Si no se llena de alegría al descubrirlo, si no renuncia a todo por conseguirlo, no hará perceptible su valor. Estas parábolas parecen decirnos: «Cuando te pregunten si ser cristiano vale la pena, no sueltes un discurso; demuestra con tu actitud que vale la pena». Es decir, ser Testigo del Señor. Eso es en esencia la Misión.

¿Han entendido todo esto? Con una pregunta directa el Evangelio cierra el ciclo de enseñanzas de tres domingos, ¿vamos entendiendo el Valor de ser cristianos y de vivir conforme a las enseñanza de Jesús?

Please follow and like us:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.