Partidos y democracia


No enfrentamos a una ciudadanía que sí quiere la democracia, pero no esa democracia que se ha instalado en el país porque no genera bienes democráticos en cuanto a la igualdad ante la ley, la salud, educación y seguridad
LIC. MARCO CORTÉS, PAN;
LIC. ALEJANDRO MORENO, PRI;
LIC. ARIADNA MONTIEL, MORENA:
Sus candidatos a puestos de elección popular están en la línea de salida para contender por gubernaturas, diputaciones y alcaldías, mucho antes de lo que debieran hay que decirlo. Ahora que iniciarán formalmente las campañas, convendría que le echaran un ojo al Informe 2026. ¿La crisis de la democracia liberal?, recién publicado por Latinobarómetro.
El informe empieza por ubicarnos dónde estamos parados, pues afirma que ninguna democracia en Latinoamérica está consolidada, con excepción de Uruguay, porque vivir en democracia no es solo ir a votar. Y si en varios países han pasado de izquierda a derecha y viceversa es porque ni una ni otra han avanzado “en el desmantelamiento de los clivajes que impiden la consolidación (democrática): las élites no logran conformar sistemas de partidos que representen a los ciudadanos, la justicia no es pareja, no hay igualdad ante la ley, y vale más el poder de la fuerza que la fuerza del Derecho”.
Como ven, los males que aquejan a México se comparten por todo el subcontinente. Pero como diría mi abuela, mal de muchos consuelo de tontos. Aun cuando 52% de los latinoamericanos prefieren la democracia sobre cualquier otro régimen, no deja de llamar la atención que hay un 43% de ciudadanos llamémosles desencantados, si sumamos a los que les da lo mismo (26%) y los que en algunas circunstancias preferirían un sistema autoritario (17%). En el caso de México, ocupa el lugar 11º de 17 países con 45%. Y con estos desencantados se van a enfrentar sus candidatos.
En cuanto a los cambios ocurridos hacia la extrema derecha, Latinobarómetro advierte no dejarse engañar, pues no se está eligiendo una opción ideológica, sino un gobierno que cumpla. No es de extrañar, entonces, que 73% de los encuestados afirme que el Estado ha hecho poco/nada por ellos, pues la eficacia gubernamental se encuentra desmantelada. En este reactivo, México califica con 65%, a pesar de las dádivas.
Dentro de los servicios públicos que el Estado debe proporcionar, México obtiene calificaciones más negativas que el promedio latinoamericano. El nivel de satisfacción de los mexicanos con la policía es de 22%; Poder Judicial, 27%; hospitales públicos, 36%; y educación pública, 49%. El problema para los candidatos no es ofrecer que van a trabajar para mejorar alguno de estos servicios indispensables, el problema es que ya se ha ofrecido muchas veces a lo largo de los años y siguen igual de deficientes.
En cuanto a seguridad, lo que se dispara en América Latina es la percepción del gran poder del crimen organizado (79%) y que en caso de México llega a 88% de mucho/bastante, de tal suerte que 69% de los mexicanos vive todo el tiempo/casi todo el tiempo con el miedo de ser víctima. No es de extrañar que 77% de los mexicanos desconfía de la manera en que se gastan los impuestos.
En cuanto a los partidos políticos, actores esenciales de la democracia, “han sufrido enormes cambios en casi todos los países de la región, que han visto desparecer los partidos tradicionales o disminuir fuertemente su peso, para dar inicio a la formación de nuevos partidos, muchas veces basados en personalismos y caudillos”. Cualquier semejanza con lo que ocurre en nuestro país es mera coincidencia. Lo delicado del asunto es que esos personalismos vienen a llenar la ausencia de partidos robustos que ofrezcan representación; es decir, la crisis de los partidos es una crisis de representación.
En este orden de ideas, 73% de los mexicanos no se siente representado en el Congreso y mientras los partidos y sus legisladores no sean representativos, su legitimidad se ve amenazada. Lo único que los valida es que fueron votados, pero eso no es suficiente.
En abundancia de lo anterior tenemos que de todas las instituciones medidas, los partidos políticos son los que menos confianza provocan en la población. Vean nada más estas cifras en cuanto a la confianza: Iglesia 55%, radio 40%, Fuerzas Armadas 50%, Policía 26%; televisión 32%; periódicos 34%, Presidencia 40%, redes sociales 30%, gobierno 29%, Poder Judicial 28%, sindicatos 23% y partidos 18%. Me dirán que la doctora Sheinbaum tiene una altísima aceptación (60%), pero es ella como persona, no como gestora de problemas y bien sabemos que se da la paradoja de que está reprobada en distintos aspectos de su gestión.
La desconfianza, la corrupción, la falta de representación y la ineficacia gubernamental generan perspectivas iliberales entre los ciudadanos; así tenemos que 54% de los mexicanos opina que no me importaría que un gobierno no democrático llegara al poder si resuelve los problemas. Aunado a lo anterior tenemos que 40% considera que la democracia puede funcionar sin el Congreso, porque no ven la utilidad de los legisladores. Lo único que está fuera de duda es que la democracia solo puede funcionar con elecciones.
No enfrentamos a una ciudadanía que sí quiere la democracia, pero no esa democracia que se ha instalado en el país porque no genera bienes democráticos en cuanto a la igualdad ante la ley, la salud, educación y seguridad.
+ Con la colaboración de Upa Ruiz
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