El INE después de Taddei


Al momento de designar al nuevo consejero presidente del INE, los diputados morenistas que se dicen demócratas deben probar que lo son y actuar en consecuencia. No más colonización del INE
A LOS ELECTORES:
Cuando nació el Instituto Federal Electoral, éste encargó al despacho que por entonces yo dirigía un estudio cualitativo sobre las expectativas que la población tenía de él. Los comentarios de los panelistas han quedado en mi memoria por la claridad con la que la gente se expresaba sobre un organismo tan nuevo y que nos prometía impulsar la democracia en México.
“Que sea como la UNAM,” dijo una persona, “que el gobierno ponga el dinero pero que se maneje independiente”. “Que ponga la cancha pareja en las elecciones para que el que gane, gane a la buena”, dijo otro. El reporte que dimos al entonces IFE era que los principios de la institución eran los que la gente anhelaba: independencia, imparcialidad y legalidad.
Con el paso de los años, a veces con más brillo -como en las gestiones de José Woldenberg y Lorenzo Córdova-, a veces con un poco menos, el IFE cumplió las expectativas; nunca nos ha fallado. Además, logró algo importantísimo: ganarse la confianza de los ciudadanos y que éstos participaran en los comicios como funcionarios de casilla. Ahí estaban las elecciones: ante los ojos de cada uno de los electores.
Por ello, no es de extrañar que, ante la intención lopezobradorista de absorber al INE como parte del gobierno, en noviembre de 2022 y en febrero de 2023 se dieran las marchas multitudinarias, primero en 50 ciudades del país y luego en 100, para manifestar que “el INE no se toca”. De manera muy orgánica, se dio la convocatoria de la marea rosa y cientos de miles salimos a protestar por una pretendida decisión que nos regresaría a las épocas en que Manuel Bartlett controlaba el conteo de los votos.
El INE es de las instituciones que más prestigio y confianza generan en la población y por ello indigna tanto la manera en que Guadalupe Taddei se condujo como consejera presidenta; como he mencionado en entregas anteriores, rompió con la colegialidad de la institución y se dejó llevar por los enjuagues con los proveedores. Pero no es solo ella y los compinches los que dañan al INE; hay muchos otros actores que lesionan al organismo y, por ende, a nuestra democracia.
La Cámara de Diputados está en un momento coyuntural para que la reciente crisis vivida por el Instituto se pueda recomponer, según proceda con la designación del nuevo consejero presidente. Hay dos caminos: que convoque a los cuates afines que conozcan de la materia electoral, mismos que pasarán el examen de conocimientos, pero que muy probablemente reprobarían en el cumplimiento de los principios del INE. Esto es, al ser afines dejarán de lado la imparcialidad, la independencia y legalidad.
Lo cierto es que MORENA parece no aquilatar que, si gana los comicios con un árbitro imparcial, ganará la legitimidad de origen tan necesaria para ejercer el poder. Como dijo el panelista: “que ganen a la buena”.
El otro camino es que la convocatoria sea abierta y transparente para que verdaderamente se escoja al que, además de saber de la materia, tenga la estatura moral para ejercer un liderazgo a toda prueba dentro de la institución. Entre otras cosas, el nuevo consejero presidente tendrá que llegar -espero- a romper las redes de corrupción tejidas por Taddei y a restaurar la colegialidad de la institución.
Pero, como decía, hay otros actores que lesionan al organismo y a la democracia. Tenemos un sistema electoral con una ley muy puntillosa sobre cómo se deben llevar a cabo las elecciones, el registro de partidos, el padrón, la credencial las prerrogativas, etc. Esa legislación ha sido confeccionada por los propios partidos, basados en la desconfianza hacia cualquier adversario; es decir, pensando en todas las trapacerías que pueden cometer en la lucha por el poder. De ahí que la ley tenga tantos candados y que las elecciones sean tan costosas.
No bien aprueban la legislación, los partidos están viendo la forma de violar la ley, a veces hasta extremos harto dañinos. La compra de votos es una táctica de niños, frente a los acuerdos que hacen con el crimen organizado; los comicios de 2024 en Sinaloa son la prueba más descarada de esta injerencia indebida. Al final del día, los candidatos ganadores gracias a la influencia de la delincuencia organizada acaban de sus lacayos y los ciudadanos de sus rehenes. Por ello, es un buen momento para que la sociedad vigile el comportamiento de los partidos y les exija atenerse a la legalidad; suena ilusorio, pero es necesario.
Al momento de designar al nuevo consejero presidente del INE, los diputados morenistas que se dicen demócratas deben probar que lo son y actuar en consecuencia. No más colonización del INE.
+ Con la colaboración de Upa Ruiz
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