Salud: Crónica de un desastre anunciado

Crisis y desabasto en hospitales

El sector salud es uno de los más afectados por las ocurrencias de AMLO y ahora toca a la doctora Sheinbaum lidiar con esta herencia

A LOS DERECHOHABIENTS:

          A estas horas, en todas las instalaciones del Instituto Mexicano del Seguro Social se está llevando a cabo la Consulta Salarial 2026-2027 entre los trabajadores de base, algo así como 411 mil personas. Las urnas se cerrarán a las 21:00 horas y 12 horas después darán a conocer los resultados. La pregunta es muy sencilla: aceptan o no el 6.8% de incremento salarial, del cual solo el 2.9% es al sueldo directo y el resto se aplicaría a las prestaciones.

Me atrevería a apostar que la respuesta de los sindicalizados será negativa y que, además, continuarán con sus demandas sobre la basificación, el abasto de medicamentos y equipo, y la renuncia de su líder sindical. Respecto del primer tema, la propia presidenta Claudia Sheinbaum ha reconocido como legítima esta demanda y, la verdad, no se entiende por qué el personal contratado durante la pandemia sigue en el mismo estatus de empleado temporal desde hace tres años.

Respecto de los medicamentos, la situación es, como diría mi abuela, polvos de aquellos lodos que dejó Andrés Manuel López Obrador en el sector salud. Hasta antes de 2019, la compra de medicamentos de todo el sector se consolidaba en el IMSS justamente para obtener mejores precios. El Instituto tenía muy armado el procedimiento, con personal experto en el mundo de las medicinas; las adquisiciones se hacían anualmente y con mucha antelación a fin de que los mecanismos burocráticos no impidieran el flujo de los fármacos e insumos.

El procedimiento no concluía con las adquisiciones, pues consideraba también la distribución y esto fue uno de los elementos que no gustó al expresidente. Algunos laboratorios no contaban con la logística necesaria para hacer entregas en las distintas bodegas y farmacias de las dependencias, así que recurrían a un laboratorio/distribuidor que, además de los medicamentos propios, distribuía los de otras empresas. Por supuesto, cobraba por tal tarea.

López Obrador acusó a los laboratorios/distribuidores de ser un oligopolio corrupto y prohibió ese tipo de procedimientos. La primera medida que tomó fue encargar las compras a la Oficialía Mayor de Hacienda, como si fuera enchílame la otra. Poco después y sin dar explicaciones, la adquisición de medicinas e insumos pasó a la UNOPS, una oficina de las Naciones Unidas que sólo había hecho tales procedimientos en países pequeños y por pocos fármacos.

Como era previsible, la UNOPS fracasó. A fines de 2023, las compras pasaron a ser responsabilidad del INSABI. Bastante trabajo tenía esta dependencia en tratar de tomar el control de lo que había sido el Seguro Popular como para tener otra encomienda de esas dimensiones. Nuevamente, como era previsible, el INSABI fracasó y las adquisiciones recayeron en BIRMEX, una empresa gubernamental dedicada a hacer vacunas.

En teoría BIRMEX no debería de fallar, porque cuenta con el diagnóstico de necesidades y planeación estratégica de la demanda que realiza la Secretaría de Salud a través de mesas técnicas de especialistas. Pero hete aquí que a BIRMEX también se le encargó la distribución sin contar con la infraestructura para ello.

Así pues, de la noche a la mañana BIRMEX tuvo que adquirir 196 unidades vehiculares de distintas capacidades para cumplir con la distribución. En el caso concreto del IMSS, los medicamentos se envían en el Centro Nacional de Distribución, así como a almacenes regionales; ya mediante logística interna, el IMSS es responsable de la entrega a las Unidades de Medicina Familiar y hospitales.

En medio de todos estos cambios y adaptaciones, las autoridades sanitarias redujeron el catálogo de medicamentos de dos mil 753 a mil 929 (-30%); su principal argumento es que se trataba de una modernización técnica y la eliminación de duplicidades. Me pregunto si las autoridades comunicaron adecuadamente estos cambios al personal médico.

Tres años después seguimos con problemas y están reventando principalmente en el IMSS, pero el ISSSTE no se queda atrás como tampoco los institutos de alta especialidad.

Zoé Robledo lleva siete años el IMSS y seguramente mucho tendrá que decirnos de la distribución de los fármacos en la “última milla” que llega a las UMF y los hospitales; algo no está funcionando bien en su cancha. En cuanto al secretario general del Sindicato del IMSS, Rafael Olivos Hernández, lleva 34 años de prestar sus servicios en la institución, pero curiosamente es diputado suplente por MORENA; mala señal. Cabe preguntarse si estos personajes son parte de la solución o del problema.

Como parte del control de crisis, tal como lo comentábamos ayer, Robledo ha ordenado una visita “piso por piso” de las UMF y los hospitales para recabar información sobre lo que les falta; ojalá sea como un censo para que se dé cuenta de las muchas carencias que hay en las instalaciones. El siguiente reto será solventarlas, pues de otra manera las protestas se reavivarán.

El sector salud es uno de los más afectados por las ocurrencias de AMLO y ahora toca a la doctora Sheinbaum lidiar con esta herencia.

 + Con la colaboración de Upa Ruiz

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