Trump y las drogas


Con este documento, Estados Unidos muestra sus cartas y su juego. No nos extrañe que cualquier día el Departamento de Justicia suelte otra lista de narcopolíticos, cimbrando nuevamente el sistema político
LIC. OMAR GARCÍA HARFUCH,
SECRETARIO DE SEGURIDAD Y
PROTECCIÓN CIUDADANA:
Hace dos días, el presidente Donald Trump envió al Congreso su Determinación Presidencial sobre los Principales Países de Tránsito de Drogas o los Principales Países Productores de Drogas Ilícitas para el Año Fiscal 2027. El documento empieza por enumerar a 23 naciones que, desde su perspectiva, son parte del problema; México está en la lista.
Hay algunos países que salen completamente reprobados, como Afganistán, Bolivia, Birmania y Colombia, porque según el análisis estadounidense “no han realizado esfuerzos sustanciales durante los últimos 12 meses para cumplir con sus obligaciones en virtud de los acuerdos internacionales contra el narcotráfico”. Claro, el dictamen es retrospectivo, pero con el cambio de gobierno en algunos países la situación puede cambiar; tal sería el caso de Colombia.
A continuación, el documento afirma que ahora la frontera con México es la más segura y sellada de la historia de EUA, “después de cuatro años de caos”, en obvia referencia a la administración Biden. Tal vez míster Donald no recuerda que detener el flujo de fentanilo se convirtió en una prioridad de seguridad nacional para su antecesor y que durante esos cuatro años se decomisaron 29 toneladas de dicha droga, equivalentes a millones de dosis, así como 70 toneladas de metanfetaminas y 30 toneladas de cocaína.
Cabe señalar que el presidente Trump reconoció “la labor de la administración de la presidenta mexicana Sheinbaum por la incautación de mayores volúmenes de drogas, el desmantelamiento de laboratorios clandestinos y el despliegue de recursos militares y policiales adicionales en nuestra frontera compartida”. Y qué bueno que lo reconoce porque tan solo en el último año se han detenido a 351 objetivos prioritarios, empezando por El Mencho, se han cumplimentado cuatro mil 715 órdenes de aprehensión, se han hecho 27 mil detenciones por delitos de alto impacto, y se han asegurado 14 mil 787 armas, 28 mil 628 vehículos y 1.6 millones de pastillas de fentanilo. Asimismo, se han desarticulado 44 células criminales. Algo relevante es que los golpes han ido por igual al Cártel Jalisco Nueva Generación que al de Sinaloa. Todo lo anterior según datos del Gabinete de Seguridad. No es para cantar victoria, pues todavía falta mucho por hacer, pero se diría que vamos por el camino correcto.
Así pues, tales acciones y cifras no son suficientes para el presidente Trump e insiste en que México debe tomar medidas adicionales contra el crimen organizado, “aumentando significativamente las inspecciones en sus puertos de entrada” en clara alusión a los precursores y materiales químicos que llegan a nuestros puertos provenientes de China para la producción de fentanilo y otras drogas. Podría tener algo de razón míster Donald, porque todos los decomisos hechos en nuestro país son tierra adentro; no se ha hablado de ningún decomiso en, por ejemplo, el puerto de Manzanillo.
El documento resalta que en México son insuficientes los recursos humanos y materiales puestos a disposición de la guerra contra el crimen organizado; es probable pues nuestro país tiene presupuestados 359 mil millones de pesos para este 2026 equivalentes al 0.86% del PIB, mientras que los países de la OCDE destinan en promedio 1.7% del PIB para seguridad.
Pero donde pone el dedo en la llaga es en “los numerosos funcionarios públicos corruptos que han colaborado con los cárteles y traicionado la seguridad y la soberanía de su propio país”. Trump sería muy feliz si México actuara como el nuevo gobierno de Bolivia, que en marzo pasado extraditó a EUA a Sebastián Marset, presunto cabecilla del Primer Cártel Uruguayo. Pero no, aquí ni siquiera se investiga a fondo a Rubén Rocha y los ocho coacusados que le acompañan.
La posición de México será cada vez más incómoda, don Omar, porque con los cambios de gobierno -y de corriente ideológica- en Latinoamérica el juego es otro. Ahí está el caso de Bolivia, lo mismo que Colombia, país al que la administración Trump considera su “principal socio en materia de seguridad en el hemisferio, y las fuerzas armadas, la policía, la fiscalía y los tribunales del país finalmente cuentan con un digno defensor en el presidente (Abelardo Gabriel) de la Espriella”. También están en la lista de los que se espera sean bien portados Keiko Fujimori, de Perú, lo mismo que Argentina, Ecuador y El Salvador. En contrapartida, Brasil está reprobado por no abatir a Primeiro Comando da Capital y Comando Vermelho, “que han convertido a Brasil en un centro neurálgico para el tráfico mundial de cocaína”.
Con este documento, Estados Unidos muestra sus cartas y su juego. No nos extrañe que cualquier día el Departamento de Justicia suelte otra lista de narcopolíticos, cimbrando nuevamente el sistema político.
+ Con la colaboración de Upa Ruiz
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