El desgaste presidencial


Tal y como se maneja la comunicación política, el desgaste para la presidenta es enorme y apenas está en su segundo año de gobierno. Debiera pensar más en su legado
LIC. LÁZARO CÁRDENAS BATEL,
JEFE DE LA OFICINA DE LA PRESIDENCIA:
“Muy desafortunados y sin sustento” consideró la presidenta Sheinbaum las declaraciones del director de la DEA, Terrence Cole, agregando que tienen un trasfondo político. Cole afirmó que en México existe una “conexión mortal” entre el gobierno y los cárteles; para acabar pronto, que son uno mismo.
En un revire, la mandataria afirmó que elementos de dicha agencia están vinculados al crimen organizado, sobre lo cual “hay muchísimos casos”.
Es comprensible que la presidenta esté molesta por tales declaraciones, pero hay algo más complicado de fondo.
Si usted cursó alguna vez materias de ciencia política, seguro recordará que la primera lección que le dieron es que los miembros de un gabinete de gobierno son fusibles que pueden quemarse y reponerse, porque lo importante es que las crisis no suban la Presidencia; esto es, que se mantengan en la secretaría que corresponda. De esta manera se acota el problema y se evita que se vuelva sistémico, además de dejar a la Presidencia como una última instancia.
Desde luego, tal lección era irrelevante para Andrés Manuel López Obrador, pues él tenía un cinismo y una labia sin límites para dar la cara por asuntos negativos. Solo recordemos el desparpajo sinigual con el cual manejó el caso del fraude a SEGALMEX, exonerando de toda responsabilidad al entonces director, Ignacio Ovalle, a quien priistas malévolos habrían engañado. Ni don Andrés se creyó semejante patraña, pero con su carisma y manejo político logró salvarle el pescuezo a su antiguo amigo y echar tierra al asunto.
No es el caso de doña Adriana quien, durante las mañaneras, tiene que salir a apagar fuegos que deben resolver sus subordinados, dando la impresión de que no hay extintor que le alcance, al menos durante los últimos 70 días.
El caso de los 10 de Sinaloa lo único que ha generado es un desgaste innecesario a la figura presidencial. El asunto debió de haber caído en la Fiscalía General de la República y quedar en el ámbito estrictamente judicial. Si me apura tantito, también debió intervenir la Secretaría de Relaciones Exteriores como conducto formal con el gobierno de EUA.
En cambio, como todo empieza y termina en la Presidencia, ella ha tenido que salir al quite y no con la mejor estrategia. Empezando por su discurso en el Monumento a la Revolución y luego repetidamente en las mañaneras se ha envuelto en la bandera con un discurso anti injerencista y en pro de la soberanía nacional. La soberanía del país no pasa por 10 presuntos -pero muy probables- funcionarios corruptos.
Con el posicionamiento tomado por doña Claudia lo único que hace es apretar más las tuercas que impone EUA y dar cuerpo a las aseveraciones como las de míster Cole.
Cuánto mejor hubiera sido enfriar el caso, dejarlo en el ámbito de la FGR y que fuera esta instancia la responsable de dar cuentas sobre las investigaciones. De esa manera disminuiría sensiblemente la impresión de que la presidenta está protegiendo a presuntos narco políticos, máxime cuando ha habido tantas filtraciones de que las acusaciones a funcionarios mexicanos vendrán por oleadas y ya están preparadas.
Veamos ahora el caso del secuestro de El Mayo Zambada. Tan pronto tuvo noticia de que el avión en que fue trasladado el capo a Nuevo México había ido donado por el FBI a un museo aeronáutico, salió con la espada desenvainada a acusar al Exembajador Ken Salazar de haber mentido en cuanto a la participación de dicha agencia en el operativo. “No fue nuestro el piloto, no fue nuestro avión, no fue nuestro operativo”, dijo el diplomático.
Hoy sabemos y después de una enorme pifia de la Fiscalía General de la República que, efectivamente, el piloto era empleado de Los Chapitos; el avión muy presumiblemente pertenecía esa cártel y el operativo fue un acuerdo directo de Joaquín Guzmán López con el gobierno estadounidense a cambio de reducción de penas para él y su hermano Ovidio. ¿Qué necesidad tenía la presidenta de subirse al ring? Ninguna. ¿Quién debió responder a la información sobre el avión? Pues la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y/o la FGR.
Otro frente abierto es el de Marina del Pilar Ávila, gobernadora de Baja California, quien cada día se enreda más con explicaciones fallidas sobre su disposición a cooperar con el Departamento de Seguridad Nacional de EUA a cambio de que no la acusen de algún delito. El problema es de Ávila, no de Sheinbaum y con el agravante de que al subir al nivel presidencial se cuestiona a toda la 4T.
Y no tarda nada en explotar el asunto del huachicol. Ayer fue arrestado Ernesto Ruffo Appel por ser socio de una empresa que presuntamente estaba involucrada en el delito. No tardarán los críticos en reclamar el trato distinguido al ex secretario de Marina, Rafael Ojeda Durán, tío de dos vicealmirantes detenidos por el trasiego de gasolina en el buque Challenge Procyon, quien de inmediato fue exonerado.
Créame, don Lázaro, que muchos nos preguntamos por qué del empecinamiento de que la presidenta sea la primera respondiente de los casos difíciles; tal actuar da cuerpo a los rumores de que está protegiendo a su antecesor.
Tal y como se maneja la comunicación política, el desgaste para la presidenta es enorme y apenas está en su segundo año de gobierno. Debiera pensar más en su legado.
+ Con la colaboración de Upa Ruiz
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