La CNTE y compañía


Y ahora los normalistas rurales están en la CDMX para apoyar la “lucha” de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Mientras tanto, los niños de las zonas más pobres del país siguen sin clases
LIC. ERNESTINA GODOY,
FISCAL GENERAL DE LA REPÚBLICA:
+ Anomia: ausencia de
normas sociales o leyes.
Diccionario de la Real Academia
Le agradecería nos explicara cómo es que si elementos de seguridad encontraron 59 explosivos en los camiones que trasladaban a los estudiantes de Ayotzinapa hacia la CDMX no los detuvieron. ¿Qué eso no es flagrancia? Todavía más, los explosivos tienen un diseño técnico avanzado, o sea, no son petardos o “palomas”; son artefactos con un fuerte poder de daño. Adicional a lo anterior, los alumnos secuestraron los camiones, junto con los choferes, para venir a apoyar el plantón de la CNTE; ¿qué delito es este de secuestrar? Por lo menos robo en el caso de los camione y privación ilegal de la libertad en el caso de los choferes, siendo este último un delito federal.
Pero no pasó nada, doña Ernestina. Ni siquiera los mandaron de regreso; dejaron que los alumnos vinieran a engrosar el plantón de la CNTE.
Ahora nos enteramos de que dentro de la radical normal rural “Isidro Burgos”, más conocida como Ayotzinapa, hay una célula todavía más radical, la cual ya está identificada por autoridades federales de inteligencia. Dicha célula, comandada por Jesús García Estrada (a) El Coquillo, habría ordenado la manufactura de mil explosivos. Pero no es esta la última de sus travesuras. Las autoridades tienen fuertes indicios de que García es responsable de otros delitos como retención de vehículos, robo de diésel y mercancía diversa.
La célula también está vinculada al “portazo” que se dio en Palacio Nacional y a la vandalización de la entrada del Campo Militar número 1 y de la fachada de las oficinas de la SEDENA en septiembre pasado, así como del Senado de la República. ¿Por qué lo hacen?
Porque pueden y porque siempre salen impunes por más carpetas de investigación que se abran en su contra. Le pregunto, entonces, ¿de qué sirve que las autoridades tengan tanta información de inteligencia y tantas averiguaciones si al final no pasa nada?
La conducta de este tipo de grupos ya de por sí es grave e ilegal, pero en la medida en que no son contenidos, lo más probable es que escalen su comportamiento anómico. Sí, doña Ernestina, acrecentarán la falta de observancia de las normas sociales para la satisfacción de las metas-éxito que ellos se plantean y dudo que realmente tengan que ver con las luchas sociales.
Las normales rurales son una entelequia del pasado, cada vez más pervertida.
Fundadas por Plutarco Elías Calles para la formación de maestros dentro de los jóvenes campesinos y bajo un modelo de autogestión, con el tiempo se fueron ideologizando. El comunismo y el marxismo fueron las doctrinas predilectas y de ahí surgieron líderes sociales como Lucio Cabañas y Genaro Vázquez. Hace un siglo, la educación rural formó parte de la reivindicación postrevolucionaria, con un enfoque socialista en los planes de estudios. Eran otros tiempos y otras circunstancias.
Hoy en día, las 17 normales rurales cuentan con aproximadamente siete mil alumnos, siendo Ayotzinapa una de las que más pobladas con 500 estudiantes. En ellas se imparten las licenciaturas en educación preescolar y en educación primaria; algunas también cuentan con licenciaturas en educación indígena y educación física. En promedio reciben un presupuesto de 10 millones de pesos cada una, más las aportaciones estatales.
Desde 1935, la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México aglutina los comités estudiantiles de las Normales, con una estructura al estilo del viejo soviet y, hasta la fecha, declara su corte marxista-leninista. Cuenta con un Comité Central, un Comité de Vigilancia y otro de Orientación Política e Ideológica.
Los comités estudiantiles organizan toda la dinámica de las escuelas, pues controlan el internado, los comedores y los sembradíos (donde los hay); incluso tienen derecho de veto a maestros o alumnos que se insubordinen. En síntesis, los directivos están de adorno.
Los jóvenes tienen el compromiso ineludible de acudir en apoyo a cualquier movimiento social y/o conmemoración de lucha al que sean convocados por los Comités Estudiantiles. No hay problema con las faltas, todas están justificadas por el bien de “la lucha de clases”.
Lo más lastimoso de todo este asunto es que la preparación profesional de los normalistas rurales es, como era de suponer, deficiente y son ellos los que acudirán a las zonas rurales a enseñar. ¿Qué se puede esperar de ellos?
Y ahora los normalistas rurales están en la CDMX para apoyar la “lucha” de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Mientras tanto, los niños de las zonas más pobres del país siguen sin clases.
+ Con la colaboración de Upa Ruiz
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