Yo Campesino / Honor militar


• Águilas y estrellas corruptas, metidas hasta el cuello en y con el crimen
A estas alturas ya no sabemos qué significado puede tener el “Honor Militar” y menos aún si es medible en pesos, poder o lealtad. Lo que si queda claro es que nada tiene qué ver con aquello del patriotismo traducido como amor, orgullo, compromiso hacia la tierra natal, sus valores y defensa de los mismos, incluyendo los símbolos patrios.
Tampoco se puede medir por la lealtad a esos valores y menos a los juramentos o protestas cuando se otorga algún galón, cinta, estrella o águila; mucho menos cuando se asume un encargo o comisión más allá de lo inherente al rango “ganado” con méritos, triquiñuelas, compadrazgos, hermandades o parentescos. La premisa es que “comisión mata grado”
Todo eso es parte del romanticismo que durante muchos años nos vendieron y que, a muchos, incluyendo al escribano, nos llevaron a portar con orgullo el uniforme de conscripto, sus comisiones de instructor y aspirar a ingresar a la milicia, especialmente la naval.
De hecho, ingresar a las escuelas militares, era motivo de orgullo como debe ser aun, el Colegio de oficiales de la Marina Armada de México y la Fuerza Aérea; en muchos casos el acceso al Ejército en cualquiera de sus armas era sinónimo de sobrevivencia.
Hoy las cosas se ven diferentes y encontramos a muchos aspirantes a oficiales que ven en las armas, barcos y aviones, símbolos de poder. O tal vez siempre fue así, pero nos gustaba engañarnos.
Se hablaba mucho del honor militar del que incluso se construyeron historias románticas que muchos nos creímos. Bastaría leer el libro de Manuel Payno para darnos una idea de cómo eran las fuerzas armadas en las diversas guerras protagonizadas por loe mexicanos.
Pero lo que nos trae a cuento ahora es cómo se hizo más evidente el factor corruptor del poder entre los militares a partir de aquella frase de Alvaro Obregón de que “no hay general que aguante un cañonazo de 50 mil pesos” hasta los 100 mil dólares que recibía al mes por parte del cártel de Sinaloa, el divisionario Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de seguridad del gobierno de Rubén Rocha Moya.
Eso por lo que toca el Ejército cuya historia de corrupción visible asociada con el crimen organizado se hizo notal con quien fuera zar antidrogas, el general Jesús Gutiérrez Rebollo.
En una vertiente paralela que sorprendió a muchos, encontramos la grosera intervención de los mandos de la Marina-Armada de México a quien se entregó una empresa criminal “vertical” denunciada casi desde su inicio por las autoridades de Estados Unidos cuando denunciaron algo que muchos ya sabíamos; que las aduanas especialmente la de Manzanillo, se habían convertido en las puertas de entrada de metanfetaminas, sus precursores y fentanilo.
Se negó el hecho lo mismo que el aumento del todo tipo de contrabando a grado tal que en vez de aumentar los ingresos fiscales por la mayor entrada de mercancías, disminuyeron.
Esas mismas aduanas sirvieron para armar el negocio redondo del huachicol, actividad que propició otros negocios de la 4T como la compra de más de 600 pipas para transportar combustible y que finalmente quedaron como una empresa más en manos del Ejército que las maneja a discreción y que bien podrían formar parte de la red de distribución de gasolinas, diésel o combustóleo, ilegales.
Dicen que en ese negocio, se han defraudado más de 600 mil millones de pesos donde parece no se incluye el robo de crudo, las pérdidas de Pemex que superan los 300 mil millones de pesos, la importación de carburantes ni la absorción de los subsidios al consumo de esos productos a través de los IEPS.
Ahora sale a relucir que otro general, este de brigada, Isaac Bravo López comandante de la 11 zona militar en Zacatecas, fue removido acusado de recibir dinero del cártel de Sinaloa; antes, Miguel Ángel López, fue removido por hacer pública la fuga del líder de la tabasqueña Barredora que encabezaba Hernán Bermúdez Requena, secretario de seguridad de Adán Auguisto López.
De los marinos, se subrayan los nombres del almirante exsecretario Rafael Ojeda Durán, de sus sobrinos Roberto y Fernando Farían Laguna, Vicealmirante y Contraalmirante, más los que murieron asesinados.
Que conste aquí no se anotan otros negocios entregados a los altos grados del ejército y la Marina entre aeropuertos, trenes, aduanas, contratos, presupuestos, aerolíneas y todo ese poder que el honor militar no resistió y hoy sabemos con toda certeza que, si alguna vez existió, fue sustituido por la corrupción.